Un chunche llamado “Plot Twist”

Valeria Ramírez

[…] “en lo que silenciamos está la respuesta de lo que desconocemos, necesitamos hacer de ese sigilo un estruendo ferviente”.

VRB, mayo de 2019.

Sucede que estamos inmersos en el cambio; lo inesperado nos da un vuelco y nos hace aprender de las circunstancias. La mayoría de las veces creemos haber cambiado a voluntad, pero esto no descarta la posibilidad de también ser meros espectadores de acontecimientos que han surgido sin razón aparente, pero ¿existe esto de “sin razón aparente” o es que hemos dejado de observar lo evidente?, ¿cómo saber que nos hemos convertido en personas monótonas? Y aún sin considerarlo, ¿cómo estar seguros de que no lo somos?

El plot twist en la literatura se circunscribe en el dominio de lo repentino y lo súbito; este giro argumental es capaz de cambiar el transcurso de la trama con la finalidad de cautivar y alterar la perspectiva del lector, pues existe en el autor la búsqueda constante de calibrar su nivel de asombro y alterar los escenarios posibles de su entorno con tal de proclamar su vitalidad. Pero ¿qué pasaría si trasladáramos este mecanismo literario a nuestra vida? En este ámbito existe una única regla para el plot twist en donde cada 3 meses se busca modificar la filosofía de vida para desdibujar el reposo sensorial en el que pudiéramos habernos estancado.  

La propuesta suena tentadora, pero a la vez nos hace titubear sobre su efectividad; claro, es oportuno mencionar que no se está hablando de seguir literalmente el concepto en donde de un día para otro abandonemos ciertos aspectos intrínsecos en nuestra vida, sino de modificar aunque sea una imperceptible pero esencial

particularidad de nuestra persona o nuestro entorno; aquel giro de tuerca que nos haga asombrarnos de lo acontecido, por ejemplo, ¿qué pasa con la escritura?, ¿escribimos?, ¿cuándo dejamos de hacerlo o, es más, empezamos alguna vez? 

Los procesos creativos implican una distancia, pero a la vez una relación entre nuestra realidad y nuestros ideales que -ya sea al escribir, dibujar, crear, indagar, conocer, etcétera- nos impulsan hacia lo desconocido, a cuestionar los paradigmas, a buscar más allá de lo que se nos ha enseñado para mirar con ojos propios lo que nos rodea y es paradójico que sea sobre la base de lo enseñado la búsqueda de lo ignorado. 

El plot twist en la diversidad de obras existentes como El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie, La noche boca arriba  de Julio Cortázar o relatos como Lo que pasó en el Puente de Owl Creek de Ambrose Bierce (sólo por nombrar algunos) no son sólo un ingenio de la literatura para resignificar la literatura misma, sino que son un espejo de lo cotidiano; el umbral de lo tradicional hacia la renovación de las formas y todo aquello capaz de captar nuestra atención en beneficio de la culminación de nuestros intereses y, una vez finalizados, abrir las puertas hacia más terrenos ocultos. 

Darse la oportunidad de cambiar conlleva un gran miedo, pero saber que éste existe podría ser el primer indicio para su abolición, pues “el miedo manifiesta su fuerza última cuando nos arroja al valor”¹ […] Inspecciona, analiza, examina y rastrea en cada uno de los actos que no has hecho la propia innovación de tu persona; desafía tu capacidad de asombro y muéstrala al mundo, es más, no tiene que ser para el mundo, hazla para ti, sé el escritor y su lector, haz tu propio plot twist.

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¹Michel de Montaigne, De la amistad, Taurus, México, 2014, p. 31.