Conclusiones sobre el libro “Amor Líquido” por Zygmunt Bauman

Pilar Zorrilla

En este libro Bauman usa de nuevo su término “líquido” para designar al amor moderno como reemplazable, desechable y sediento de nuevas experiencias. Volviéndonos al mismo tiempo personas cada vez más incapaces de mantener una relación duradera, con una intolerancia al dolor y a las personas que piensan diferente a nosotros. 

El sentimiento de compatibilidad es tan desechable como comprar un helado en un centro comercial, se desea al principio, se disfruta unos minutos y se termina rápido. Y queriendo probar todos los sabores, no nos encasillamos en ninguno. Pues a pesar de haber quebrantado ideas tradicionales del matrimonio para toda la vida o de un primer amor para siempre, la poligamia actual sigue sin hacer sentir mejor a las personas, el sentimiento de soledad y de inferioridad sigue latente en esta sociedad líquida. Un sentimiento de soledad que las  redes sociales no logran cubrir, una sociedad líquida llena de personas que tienen miles de seguidores pero que se sienten solas y tristes.

El Amor Líquido se sostiene esencialmente de deseos personales (o al menos que creemos propios) y uno de ellos es gastar en el otro, y es en la forma que gastamos lo que habla de que tanto merecemos ser amados. Qué tan buenos amantes somos a través del consumo y la apariencia. Donde las relaciones son una inversión a corto plazo, con gastos innecesarios y promesas falsas sobre el largo plazo. 

En un mundo globalizado en el que somos bombardeados de publicidad, la inseguridad hacia nosotros como objetos dignos de ser amados genera una frustración alarmante. Al no cumplir los estándares físicos o de estabilidad económica no nos sentimos capaces de amar o ser amados y cubrimos ese hueco con desconocidos virtuales y amores ocasionales. Bauman responde con ironía al amor líquido con la oculta necesidad de encontrar estabilidad amorosa en una monogamia que nos llene de afecto y seguridad. Como si las ideas tradicionales del amor, sin la carga opresiva y religiosa, escondieran el deseo de un amor a largo plazo hasta nuestros días.

En la sociedad líquida de las respuestas inmediatas somos incapaces de adentrarnos a lo desconocido. Pues esta arma de doble filo que nos ha brindado la tecnología, nos impide disfrutar de algo a lo que no tenemos una respuesta concreta, de lo que somos y de lo que es el otro. Sin una ideología a la cual pertenecer o un grupo al cual identificarnos, nos sentimos sin respuestas y en una intolerable incertidumbre. Como la moderna ideología de género que fuerza a las nuevas generaciones a identificarse con un género desde temprana edad. No sólo se presenta como una imposición hacia lo que somos sino también hacia lo que son los otros, sin una etiqueta carecemos de valor para ser alguien en esta sociedad líquida. Descartando el factor del cambio y el descubrimiento que son inertes a la naturaleza de la personalidad humana. 

Esto ha desencadenado un profundo resentimiento social hacia lo que es distinto y nos ha vuelto incapaces de relacionarnos y lo repetimos con personas diferentes a nosotros. En un aspecto físico, ideológico y nacionalista. De ahí que Bauman decidiera finalizar su libro refiriéndose a la mixofobia como la repulsión hacia lo distinto, por temor a poner en peligro nuestra seguridad. Desencadenando fuerte olas de xenofobia y violencia por el mundo, y siendo influenciados en gran parte por gobiernos capitalistas. El animal capitalista que nos convierte en soldados y objetos de consumo de sus propios intereses. El enemigo real que no vemos, que nos ha separado y vueltos unos en contra de otros por ideas mediáticas, y que se ha incrustado en nuestro imaginario haciéndonos desear lo que ellos quieren que  deseemos. Bauman nos hace un llamado en este libro a rescatar esos valores que nos unen como sociedad y que nos vuelven personas dignas de ser amadas pero también con capacidad de dar amor.

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